Bella como la Noche

La tormenta, chispeante y explosiva como lo es en sí la primavera, había dejado paso a un sol cálido y resplandeciente. Lucy había estado contemplando desde su ventana el espectáculo, complacida secretamente con el retumbar de los truenos y los dibujos de los rayos en el cielo plomizo del atardecer. Por fin, aquella algarabía había culminado en una lluvia intensa y fugaz, que había limpiado el aire de Londres, siempre denso y pesado. Ahora, la tarde clara y primaveral resurgía con un manto nuevo de verdor vivificado y los pájaros se atre- vían a entonar sus trinos y retomar sus vuelos por el pequeño jardín delantero de la casa, a donde daba el dormitorio de Lucy. No quedaba mucho tiempo para que llegara el invitado de su padre a tomar el té. Pero ya estaba casi lista para recibirlo. Desde que su abuela había fallecido, hacía casi tres años, era ella la anfitriona de la casa. Si bien era cierto que no tenían mu- chas visitas. Solo los amigos de su padre, casi todos mayores que él, ancianos eru- ditos que solo vivían para sus estudios e investigaciones y que frecuentaban la casa con la asiduidad de amigos íntimos y casi familiares. Si no fuera por ellos y sus tertulias, la vida de Lucy sería muy solitaria... Continúa leyendo
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